Relato – Caleidoscopio

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Caleidoscopio

Sus musas eran indispensables para el oxigeno de su vida y entre esas estaba su eterno Arlequín, amor platónico, amor atemporal, amor de casualidades.

Sibila, nunca conoció a su abuelo Pedro. Había muerto por tacaño hacía muchos años. Pedro era el padre de su madre, ogro, frio y macho. Sibila vivía en la casa de su abuela desde el día en que su padre decidió hacerle compañía y la vida imposible a don Pedro.

Por las tardes, Sibila se sentaba con su Abuela a jugar parqués y a comer naranjas ombligonas.
Mientras se chorreaba el vestido que le habían cosido a su medida, veía pasar a un ejército de hormigas enfiladas que transportaban las hojitas que se le habían caído a las bifloras; recordaba al mismo tiempo la perfidia de su tortuga, esa que su tía Julia le había regalado; un domingo después de la retreta, la muy desalmada, se fue  y la dejó sin dejarle una nota, sin decirle adiós, ¡qué mal agüero!

Cuando su abuela se devoraba un libro o le pintaban las uñas, Sibila se metía por la hendidura de su caleidoscopio, recorría con el dedo índice los sócalos, los mosaicos y las paredes de tapia, cuando llegaba al fondo de la casa, en el patio de ropas, entre las pencas y las hierbas aromáticas, pegaba la oreja a la pared, sintonizaba sus antenas y constataba  que no está allí, ¡no ha llegado! -decía.

Quería jugar con un balón ó con canicas, quería a su amigo imaginario, quería hacer lo que su arlequín y ventrílocuo le dijera, pero siempre le regalaban muñecas, las que tanto odiaba,
les cortaba el pelo, les quitaba la ropa y las bañaba, antes de abandonarlas en un rincón oscuro de la casa.

Sibila soñaba con ser malabarista de circo, quería pasar al otro lado por la cuerda floja sin caerse; luego, soñaba con ser piloto para volar y traspasar el océano que los separaba, quería una hélice que la levantara del suelo, la subiera al tejado y le dejara husmear un rato los juegos secretos de su arlequín imaginario.

Cuando Sibila salía de su caleidoscopio, abría la ventana que daba a la calle de Moore, el mundo cambiaba, los sonidos de la ciudad entraban retumbando y expidiendo un olor a combustible requemando, de vez en cuando pasaban hombres grises, mujeres grises o él, su arlequin imaginario.

Bong! Bong! Bong! Se escuchó al otro lado de la pared del patio de atrás, el de las pencas y donde ahora colgaban todas las sabanas blancas que Roso había lavado. Sibila se metió por ese laberinto, pegó la oreja por enésima vez y constató que él estaba allí; ya estaba lista para la función, sacó la dulzaina, la armónica y el tambor, cantaba como sirena enamorada, danzaba y caminaba por la cuerda floja, se imaginaba las palabras que por la cabeza de su ventrílocuo deambulaban, pasaban tardes inolvidables, aunque anónimos y separados por una pared.

Nunca hablaron, nunca se miraron, no supe nada de él, ni siquiera su nombre.

En el colegio a Sibila se le había caído su primer diente de leche, lo atesoraba en una servilleta, anhelaba regalárselo  a su abuela justo cuando llegara a casa, no quería arriesgar a perderlo ni mucho menos quería dejarlo en su pantufla para que el ratón Miguelito se lo llevara y a cambio le dejara una moneda de veinte pesos.
Pero ese miércoles fue distinto, el ejército de hormigas pasaba por debajo de la silla vacía de su abuela, no  hubo a quien entregarle ese diente envuelto en una servilleta mocosa, ese miércoles ya no había abuela con quien jugar parqués, ni tampoco puntos ni cadenetas para contar, Misia Alicia había entrado por una hendidura pequeñita al caleidoscopio de Sibila, ahora estaba dándo vueltas junto a su padre y a su abuelo.

Un día cualquiera Sibila le dio un giro extraño a su caleidoscopio, y se dio cuenta que ya ese patio, donde colgaban las sabanas que Roso había planchado, no existía.
La tierra le había dado más de una docena de vueltas al sol.

Sibila volvió a darle un giro más a su caleidoscopio, desesperada y tratando de volver a ver su ejército de hormigas transportando las migas de parva que se le habían caído a la abuela mientras tomaba el algo con las primas… todo fue en vano; lo único que veía eran luces y cornetas de buses atestados de malabaristas colgados en las puertas, payasos sacudiendo banderas, estruendosos juegos pirotécnicos que se lanzaban a la deriva; era solo bullicio… ese balón se había convertido en un coche lleno de lunáticos eufóricos, la ciudad estaba de fiesta.

Ya había dejado de ser la niña que se subía a los arboles y a los  escaparates, la niña que se le escondía a sus muñecas motiladas, muertas de frio, mientras su abuela contaba las uvas verdes que se quería comer.

Sibila seguía girando agitadamente su caleidoscopio, las calles y la gente habían cambiado de forma, ese vestido verde esmeralda que le confeccionaron a su medida ya no existía en su armario,  se había convertido en un par de vaqueros, camisetas chinas y unos deportivos yanquis desgastados talla treinta y ocho, colgados en un armario compartido con una extraña cualquiera.

Su caleidoscopio seguía girando mas y mas rápido, no podía detenerse; empezó a aislarse de todo aquel algarabío, veía labios que articulaban palabras que ni siquiera oía, el olor a alcohol penetraba sus pólipos nasales, estornudaba, tocia, observaba a todos los que la rodeaban riendosen a carcajadas… no entendía que estaba haciendo allí, la gente parecía no preocuparse y tampoco parecía molestarse con el exceso de decibeles que retumbaban en sus tímpanos. y ese otro, que la rozaba con el codo, sin dejar de moverse, palmoteándose en las piernas como si estuviera sacándole el polvo a los tapetes de una casa vieja, pretendiendo seguir el ritmo en estados alterados, estuvo a punto de enloquecerla y al que tanto odió esa noche, volvió a ser él, arlequín y ventrílocuo de su infancia.

-Mucho gusto, me llamo Ignacio ¿y tú?

5 comentarios en “Relato – Caleidoscopio

    • Hola! Me encanta que te hubiese gustado y que quieras realizar un video. También agradezco el hecho de tu pregunta el cual respondo con mas preguntas, para empezar:

      Cual seria el propósito de este video? Comercial? Educativo? En que medios lo distribuirías?

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