Cadenas a tierra!

Estándar

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El aire se siente liviano desde el techo de la casa de Rafa, mientras mis pies se anclan en un muelle de cartílagos desgastados!

Repetir los ejercicios Tres veces al día veinte minutos y mínimamente durante siete años:

Dos minutos en puntillas…. Cambio.
Dos minutos en los talones… Cambio.
Dos minutos a los costados…Cambio.
Dos minutos en los talones… Cambio.
Dos minutos en puntillas… Cambio…

OJO! durante el día siempre deberá llevar los zapatos ortopédicos, mejor aun, cuando pueda, que camine descalza!


Ese día comprendí que mi contacto con el suelo no era como el de los demás… Mi realidad era enorme y de tacón pesado, me anclaran a tierra!

Ese día odié mis pies planos y mis rodillas torcidas!

Pase horas observando los pies colgando en las sillas de mi bus, comparaba mis botines de correitas absurdas y blancas con las Machita naranjas, rojas, verdes o azules de los demás.
Varias tardes me bajé del bus del colegio con los pies descalzos y con las medias arrugadas en un bolsillo de mis jeans hechas un fandango de tierra y pantano como decía Inés mi segunda abuela.

Mientras mi madre me miraba con ojos de toro enfurecido yo le explicaba la importancia de andar descalza.

Muy ilusa fui creyendo que con arrojar esas jaulas asquerosas por la ventanilla del bus me liberaría de mis cadenas, pero que equivocada estaba, al día siguiente estaba sentada en la silla del ortopedista tomando medidas para hacerme un nuevo par de zapaticos especiales.

Un día sin darme cuenta mis botas eran Machita como las de Natasha y Paulina, mis patines eran de bota y no como esos ajustables de los años de upa, la era de los Nike estaba por empezar, los suecos entraron en furor…

El gran dia llegó y me sentí
feliz con mis nuevos zapatos de charol y mi vestido rojo de terciopelo.

Me faltaba la corona, esa que Inés no me dejo comprar, no tenia el pelo largo ni tampoco la cintura de avispa – requisito indispensable para ser princesa!

Nunca entendí porque siempre me cortaban el pelo tan corto, seguramente era por ese dicho de mi papa al que estoy casi segura llego a traumatizar a mi mama:

Mujeres de cabellos largos e ideas cortas!

Y en el techo de la casa de Rafa soñé con países imaginarios, me rodeé de amigos imaginarios, volé con alas imaginarias, besé príncipes imaginarios, caminé descalza sobre techos de otras casas, suavecito y muy suavecito dancé con mis zapatos de charol, sin romper ninguna teja…

– Crees que con estos patines puedas hacer el salto del ángel? – me preguntó Inés, mi segunda abuela.
– tal vez la caída mortal… Porque a patines nuevos… Ampollas nuevas! Le respondí!

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