Seiscientos veintiocho metros mas

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Un día de verano, un dos de agosto, celebrando, lo que si estuvieras en este planeta, tu cumpleaños.
Te pienso infinitamente, pero siento que estas más feliz allá que acá… solo lo siento.

“Al partir un beso y una flor, un te quiero, una caricia y un adiós…
es ligero equipaje para tan largo viaje… NB”

Siento empezar otro periodo de mi vida… siento que estoy cambiando y aunque no se en qué dirección es como querer  permitirme brincar códigos que yo ni siquiera me he impuesto y que en este momento no tienen o no siento que tengan razón de ser.

Esas vacaciones de verano habían terminado, y esa noche llegamos nuevamente a casa después de un largo viaje, no muy lejos del círculo polar artico, bordeando innumerables pinos y mas pinos,  abedules y mas abedules…

Esa noche fue la primera noche después de muchos días sin ver las estrellas, el cielo se estaba empezando a oscurecer, lo que me insinuaba que la cuenta regresiva estaba avanzando a grandes pasos.

La grama había crecido demasiado durante nuestra ausencia, al igual que las rosas y el cilantro, dando muestra de que los cervatillos no nos habían visitado durante esos días de lejanía, no más de trescientas treinta y seis horas de ir y venir, recorriendo kilómetros eternos de sur a norte y de norte a sur.

Ese verano lo quiero recordar de atrás para adelante, lo quiero recordar desde el día en que una profunda felicidad me atacó de risa en la mitad del lago en la casa de verano… flotando y mirando hacia el techo de este planeta tierra llamado cielo.

No podía contener mis carcajadas, el simple hecho de estar allí, desafiando un miedo y dejándome llevar por el impulso de querer cruzar  hasta la otra orilla  nadando, esa orilla a la que sol toca de frente, esa misma donde nos devorabamos libros enteros.

Ese  sábado estábamos todos disfrutando del último día pleno en el norte, hacia calor, el termómetro mostraba 23 grados a la sombra, un poco de nubes corrían a prisa para no molestar, una pequeña brisa nos rozaba la piel.
Todos habían bajado al lago para darse el ultimo chapuzón, Alejo estaba con nosotros devorándose “Delirio” que alimentaba nuestros días y al parecer no tenía ganas de mojar las ganas en el agua.

En cambio yo, tal vez imnotizada y delirante, busque rápidamente mi vestido de baño, sentía que era el ida perfecto para zambullirme. Las risas de todos iban alimentando mi cuerpo de una extraña adrenalina, y empecé a nadar… sin pensar, si haberlo premeditado… mire hacia atrás y vi que Peter me seguía e impulsivamente nadé mas y mas rápido con la mira puesta en la otra orilla, vi que él estaba decidido a seguirme, segundos más tarde vi que éramos tres, Alejo también estaba allí con nosotros, lo esperamos en la mitad, para así, los tres juntos seguir hasta el lado norte de Bjursträsk, N 65° 34.48’, E 21° 31.83’.

Minutos después empecé a escuchar gritos desesperados, era mi hijo queriendo que volviera inmediatamente. Sentía su angustia y sabia que nada ni nadie lo podría consolar, solo yo podría hacerlo si aceptaba regresar, pero también sabía que habían pasado más de cuatro años implorando por este momento.

Trescientos catorce metros de ida… trescientos catorce metros de regreso… y otra vez quise hacerlo… seiscientos veintiocho metros más.

Hace un poco mas de un mes he vuelto a nadar… 1000 metros cada vez, se que respiro y soy feliz!

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Delirio – Angela Restrepo –
Quizas, luego en otra entrada haga un comentario acerca de este libro.

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