El enigma de la Sibila

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En el mundo antiguo de influencia cultural helénica, el dios oracular más importante fue Apolo y su centro oracular de más prestigio su santuario en Delfos, donde Apolo asumió una función profetiza más antigua, vagamente telúrica, asociada a una serpiente demónica conocida como Pitón.

Allí la transmisión de los oráculos la llevaban a cabo una sacerdotisa-profetisa conocida con el nombre de Pitia. Sentada sobre el trípode del dios, la pitia entraba en trance extático y emitía el oráculo de manera algo incoherente; luego los sacerdotes lo transcribían en hexámetros dactílicos.

En aquella antigüedad remota, hubo otras mujeres que profetizaban por inspiración divina llamadas Sibilas. Dos sibilas fueron sacerdotisas en santuarios de Apolo, en Delfos y en Cumas. A éste segundo, construido por  el más hábil de los arquitectos mitológicos, llevo Virgilio a Enes a para hacer la enésima consulta acerca de su glorioso e inmortal destino.

A finales del siglo XIII aC. Es Sibila de Cumas, se presentó ante l rey Tarquino con nueve volúmenes de oráculos ofreciendo vendérselos, pero pidiendo una cantidad desorbitada. Ante la negativa del rey quemó tres de ellos y volvió a pedir la misma cantidad. El rey se negó de nuevo y ella quemó otros tres insistiendo en pedir  por los restantes la misma cantidad. El rey entonces la tomo en serio y accedió.
Las sibilas fueron diez en número.

  • Sibila Persea, mencionada por  Nicanor que escribió las hazañas de Alejandro de Macedonia.
  • Sibila de Libia, a la que evoca Eurípides en el prologo de Lamia.
  • Sibila de Delfos, de la que habla Crisipo en el libro que compuso sobre la adivinación.
  • Sibila Cimeria en Italia, a la cual mencionan Nevio en los libros sobre la Guerra Punica, Pisón en los anales.
  • Sibila de Eritras, de la que Apolodoro Eritreo dice que fue conciudadana suya y que cuando los griegos se dirigían a Ilión vaticinó que Troya perecería y que Homero escribiría mentiras.
  • Sibila de Samia, de la que escribe Eratóstenes que lo había encontrado escrito en antiguos anales de los samios.
  • Sibila de Cumas, de nombre Amaltea, llamada por otros Demófila o Herófila. Esta llevó nueve libros al rey Tarquinio el Antiguo y le pidió por ellos trescientos filipos, el rechazó el enorme precio y se burló de la locura de la mujer, e ella quemo tres en presencia del rey y pidió el mismo precio por los restantes; Tarquinio pensó que la mujer estaba mucho más loca. Quemados de nuevo otros tres, como ésta perseverase en el mismo precio, el rey se alarmó ó  compró los que quedaba por los trescientos filipos de oro, el numero de estos aumento luego, al reconstruirse el Capitolio, porque de todas la ciudades de Italia, de Grecia, y especialmente de Eritras, fueron reunidos y llevados a Roma cualesquiera que llevaran el nombre de la sibila.Este es el origen de los libros sibilinos, colección histórica de oráculos que los romanos guardaban en el templo de Júpiter Capitolino y que consultaba un colegio de diez o quince magistrados.
  • Sibila de Helesponto, nacida en el campo troyano, en la aldea de Marpeso, cercana a la ciudad de Gerpicio, de la que Heráclides del Ponto dice que fue contemporánea de Solón y Ciro.
  • La novena de las sibilas es Frigia, que vaticinó en Ancira,
  • Y por último, Sibila de Tibur, de nombre Albunea, venerada en Tibur como una diosa, a las orillas del rio Anio, en cuyo nacimiento se dice que se encontró una estatua suya con un libro en las manos cuyas profecías llevo el senado al Capitolio.

Se transmiten y se tienen poemas de todas estas sibilas, excepto de la cumana, cuyos libros ocultan los romanos y no permiten que sean inspeccionados por ninguno, excepto por los quindecimviros. Y hay de cada una un libro.

El canto de la Sibila

Se trata de una canción con tornada, compuesta por versos generalmente octosílabos pareados. Inicialmente se cantaba con melodía gregoriana, pero —al popularizarse— adquirió un ritmo más mesurado, con influencias arábicas. El Museo Diocesano conserva una versión musical de la Sibila que data del siglo XIV, procedente del convento de Santa Margalida. Una de las ediciones más antiguas del canto es la que se incluyó en la edición de 1527 del Llibre dels bons amonestaments de Anselm Turmeda. Con la reforma tridentina, hubo intentos de eliminar el canto de la Sibila, pero en Mallorca no se consiguió erradicar esta tradición tan fuertemente arraigada, a pesar de las prohibiciones explícitas promulgadas en el siglo XVII. Actualmente sólo se conserva en Mallorca en Alguer (Cerdeña), y algún templo de Cataluña lo ha recuperado recientemente.

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