Con chanclas hasta el final…

Estándar

Hoy quiero dedicarle mis sentidas condolencias a nuestros pies, a los míos  y a los de todas aquellas y aquellos que levitaron al ritmo de la noche…

11:10 a.m.

Voy sentada en un bus de regreso a casa, las mentes están en bajo nivel por culpa de la resaca de la noche anterior, perdón, de la madrugada que no hace muchas horas dejamos atrás… el contacto con el piso es amargo pero no siente remordimiento.

La efervescencia de la noche nos fue envolviendo,  hasta el punto máximo del olvido, ese dolor absolutamente físico en los pies se iba incrustando sin embargo insistíamos en ignorarlo, nos encarnábamos  en euforia.

12:59 p.m.

Pienso en Magritte, en ese surrealismo tan cercano al dolor y a esa lógica irracional. Pero no importa, porque me transporte a días de Selva, de Balcón, de Blue y de Bodega, donde el tiempo para las palabras se congela y los pies se roban el show.

Me retiro unos pasos atrás, en envuelvo en mi propio vuelo, mi racional se desconecta de mi cuerpo, siento como mi mente se mimetiza con la música, revivo fantasmas encarnados en esos otros que son parte de este hoy, el alma no se mezcla, solo da vueltas y me siento térrea, siento mis pies levitar y en el siguiente instante vuelvo a sentir el roce con la tierra.

No tengo miedo, no he perdido el equilibro, mis sentidos siguen atentos, las imágenes no se han distorsionado, no dejo de bailar. El contacto con otros cuerpos es parte de este ritual impregnado de sudor…  Vuelvo a  mi estado de levedad y revivo aquella risa irreverente  proveniente de la nada, de la simple satisfacción que me produce el agua, la humedad.

De repente se encienden las luces, no hay música,  no hay ebriedad, un aterrizaje en seco nos despierta a la realidad, miro hacia el suelo y solo siento el palpitar de pies hinchados, algunos sangran, otros se van deshilachando y de repente esa distancia que horas atrás creíamos cercana se fue transformando en una lejanía inalcanzable.

Vuelvo a pensar en mis pies y en esos otros pies que tienen que regresar forzosamente al contacto con la tierra…  pero tenemos la certeza de que es algo pasajero.

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Le Modele Rouge, 1935
Representa los pies que se transforman en zapatos de cordones.

Magritte explicó las imágenes de la pintura en una conferencia de 1938: “El problema de los zapatos demuestra hasta qué punto las cosas más bárbaras puede, a través de la fuerza de la costumbre, vamos a considerar muy respetable”, y agregó que gracias a la imagen, “la gente puede sentir que el la unión de un pie humano con un zapato de cuero es, de hecho, una costumbre monstruosa “.

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